me chocaron

Es sabido que aquí en el D.F., todo el mundo tiene auto y sin auto, no existís.

Esto deviene en la más absoluta falta de respeto por los pobres peatones como myself, que insisto en caminar todo lo posible, sobre todo todas las mañanas al laburo. Para decirlo en mexicano, les vale madre si estás cruzando, querés cruzar, o lo que sea. Primero está el auto.

La consecuencia de esto es que he desarrollado rápidamente una sana paranoia cuando camino por la vía pública. No puedo dejar de mirar dos veces antes de cruzar una calle y volver a mirar mientras lo estoy haciendo, con nerviosos giros del cuello y los músculos listos para poner pies en polvorosa.

Ayer, totalmente relajado, diarios del domingo en mano, iba cruzando una intersección particularmente ancha, pensando en quién sabe qué. (Para aquel que conozca el D.F., era enfrente del restaurante argentino La Biela. Para aquel que no conozca, sí, La Biela). Le iba pasando por atrás a un auto grande, parado en doble fila, a punto de alcanzar la tierra prometida de la vereda (acá, “banqueta”).

Con mi cadera a centímetros de la cola del auto, éste arrancó para atrás. Lo hizo sin previo aviso, obviamente, y sin que yo alcanzara a ver las luces de marcha atrás (acá, reversa), algo en lo que siempre me fijo en cruces como éste.

Y me pegó.

Por suerte, estaba tan cerca que no pasó nada. El auto me empujó, más que chocarme. Pero me agarró tan de sorpresa que me dio una bronca inmensa. Tomé la voluminosa pila de periódicos y revistas que traía con las dos manos y los azoté con toda mi fuerza sobre el baúl (acá, cajuela), como si fuera uno de los hermanos Macana.

¡BAM!

Solté una puteada -que no vamos a reproducir en este blog familiero- y caminé hacia la ventanilla del acompañante.

Manejaba una señora muy arreglada (y muy b***, hubiera querido decir yo en la calentura del momento), que no sabía cómo disculparse, más que -obviamente- decir repetidamente: “Perdóname, perdóname…”

Yo tenía tanta bronca que hice lo mejor que pude hacer. Abrí los brazos con las palmas hacia arriba, en el gesto universal de Whaddafuck!, me quedé callado, me di la vuelta y seguí mi camino.

Dentro de mi cuello, por varias cuadras, una vena furiosa siguió latiendo.

2 comentarios

Archivado bajo D.F., gente, tránsito

2 Respuestas a “me chocaron

  1. Cuánto mejor si el que manejaba hubiera sido un tipo… la de puteadas que se habría ligado. “Lo importante es que no te pasó nada”, diría una madre.

  2. Pingback: no se dice “me chocaron” « The Daily D.F.

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